Sobre la comunicación, el diseño y la publicidad.
Estas tres carreras han estado en Colombia sometidas a múltiples problemas, como muchas otras quizá de las que no tengo conocimiento, pero que sin duda, funcionan como un termómetro de la situación de la educación en nuestro país y, sobretodo, del escenario de la oferta laboral.
Si bien los nombres de las carreras son distintos, no es ése el trato que se les da a los profesionales con estos perfiles una vez salen a trabajar en la empresa.
Cotidianamente encontramos ofertas laborales en las bolsas de empleo, en los clasificados y demás, en las que se lee que se busca diseñador o publicista con habilidades para la comunicación verbal y escrita. Y que se requieren comunicadores que sepan manejar "x" o "y" programa de diseño, que sepa diseño web o que es requerido para el montaje de imagen corporativa, diseño de piezas y demás.
Este fantasma que persigue a los profesionales de estas tres carreras, por no contar otras que son metidas en la misma bolsa, es gracias a los directivos de muchas empresas de este país que se hacen llamar profesionales a sí mismos.
Presidentes, vicepresidentes, gerentes y demás, de carreras como administración, ingenieros, abogados, contadores y economistas, sin decir que todos, pecan de ignorantes al calificar a los profesionales del diseño, la publicidad y la comunicación como lo mismo con distinto nombre de acuerdo con la universidad.
Creen que los diseañores hacen dibujitos, que los publicistas hacen propagandas (sin conocer la diferencia entre propaganda y comercial o cuña) y que los comunicadores hacen carticas. Que todo eso es muy fácil y que cobran una barbaridad por hacerlo.
Consideran que ése algo desarrollado por cualquiera de los profesionales afectados en mención, lo hubiera podido hacer cualquiera. Y que por qué se cobra tanto por eso.
Lo peor de todo esto, es que existe una sobre oferta de profesionales de estas tres carreras, y los empresarios están aprovechando la situación. Para el 2002, se calculaba que en Medellín solamente, se graduaban 700 comunicadores cada año de cerca de siete facultades, entre profesionales y técnicos. Razón por la cual el Icfes programó una reunión dicho año con los directivos de las instituciones responsables de la sobreoferta para buscar mecanismos para reducirla.
Este escenario, en una ciudad como Medellín, implicó en aquel momento que los comunicadores estuvieran trabajando por sueldos de grima en el momento de graduarse. Desconociéndoles el hecho de haber invertido tiempo y dinero en hacer una carrera. Desconciéndoles también el que sean profesionales y ofreciendo sueldos mínimos o para estudios técnicos.
Lo triste de un escenario así, es que muchos se venden por cualquier precio con el aval de sus padres so pretexto de tomar experiencia y hacer hoja de vida. Mientras sus padres los sostienen. O los que están con la necesidad urgente de percibir recursos por cualquier razón, como sostener el hogar, sostenerse a sí mismos o pagar los créditos estudiantiles.
Cabe recordar la experiencia de un colega recién graduado en aquel entonces, que en un banco de gran tradición en este país, en la regional, le pidieron que pasara una cotización para hacer un video institucional de media hora, una vez al mes. Ello suponía toda la preproducción, la producción y la postproducción, además de la idea creativa. Pasó la cotización, y le dijeron que listo, que le aprobaban el presupuesto de los costos de todo, pero que sus honorarios no podían ser lo estipulado sino trescientos mil pesos, que para aquel momento seguía siendo un absurdo igual que hoy.
Para hacerse una idea, el salario mínimo en aquella época estaba casi en ese valor. Porsupuesto mi colega rechazó inmediatamente la propuesta, por abusiva. La contrarespuesta del banco, fue algo así como que trescientos mil pesos era mucho por media hora.
La respuesta del colega, no se hizo esperar, y así como fueron de desparpajados los directivos del banco para decir semejante improperio, fue lo que éste buen profesional contestó, en términos como que muy seguramente para hacer un video de media hora, se requiere sólo de media hora de la vida del profesional que lo hace. Para globalizar esta idea, los honorarios ofrecidos a este hombre, no eran ni una cuota inicial de lo que se ganaría el camarógrafo, siendo un camarógrafo un técnico y sin demeritar su trabajo.
Lo triste del escenario, es que dada la demanda de los abusivos que pretenden encontrar en un solo profesional a un comunicador, publicista y diseñador, los necesitados y los incautos están llenando esas espectativas por menos de lo que se gana un profesional de cualquiera de las opciones. Basta ver las ofertas de empleo en los portales para tal fin y en los diarios.
¿Qué sigue ahora? Amanecerá y veremos.
lunes, 30 de abril de 2007
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